Un escritor que no lee libros

Desde muy niño supe que los deportes no eran lo mío. No era el más rápido ni el más fuerte, y aunque me gustaba jugar, solo me incluían en los equipos cuando hacía falta alguien para completar. Al no ser el preferido en los juegos, tuve que buscar otro espacio donde pudiera sentirme aceptado, donde no hubiera rechazo y donde pudiera destacar sin miedo al bullying. Fue así como encontré refugio en la lectura.

Los libros se convirtieron en mi escape, en mi puerta a mundos fascinantes donde podía vivir aventuras que nunca hubiera imaginado. Cada página que pasaba era una nueva oportunidad de descubrir algo nuevo, y esa necesidad de exploración se quedó conmigo. A lo largo de los años, me convertí en un cazador de novelas, recorriendo librerías como quien busca etiquetas amarillas en un supermercado, siempre tras la pista de escritores sorprendentes y de historias que dejaran huella.

Por eso, me resulta inconcebible la idea de un escritor que no lea. Un escritor en desarrollo que no se sumerja en los libros está destinado al estancamiento. La lectura es el cimiento sobre el que se construye la escritura; es la fuente de inspiración, el manual de técnicas narrativas, el espejo donde uno puede analizar lo que funciona y lo que no en la literatura. No puedo imaginar a alguien queriendo escribir una novela sin haber leído a otros escritores, del mismo modo que no imagino a un futbolista que nunca haya tocado un balón o aprendido las reglas del juego.

Hoy en día, con la inteligencia artificial escribiendo textos en cuestión de segundos, algunos podrían pensar que la lectura ya no es necesaria, que basta con dar instrucciones a una máquina para obtener una historia. Pero los libros guardan secretos que solo el ojo atento de un lector puede descubrir. Un escritor que no lee se priva de esa riqueza y se condena a la mediocridad.

Si estás leyendo este artículo y sueñas con escribir un libro, pero no tienes en tu vida el hábito de la lectura tal vez sea momento de replantearte tu camino. La escritura no es un pasatiempo; es una profesión que exige dedicación, aprendizaje y, sobre todo, amor por los libros. No lo digo para ofender, sino para invitarte a crecer. Porque la lectura hace crecer. Así que, abre un libro y comienza el viaje.

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